Siete fuerzas para lograr tus objetivos

Llevo estudiando por algunos meses los misterios del aprendizaje, la maestría y el éxito, y aunque estoy bastante lejos de entender cómo funcionan estos procesos, creo que he encontrado algo valioso en el camino. Pienso que existe una especie de «fuerzas invisibles» que nos acercan o nos alejan de los cambios que queremos hacer en el mundo y en nosotros mismos.

Aquí he tratado de reunirlas y explicarlas:

La fuerza de empezar

Uno de los pasos más importantes para hacer cualquier cosa, por evidente que parezca, es simplemente empezar. La fricción que nos produce empezar algo es tan fuerte y destructiva que la mayoría de las personas ni siquiera intenta perseguir sus sueños. Esta fricción desencadena toda una serie de miedos e incertidumbres, tales como no saber qué hacer, desconocer cómo dar el primer paso, el temor al fracaso (o su primo atractivo: el miedo al éxito), el miedo al ridículo o la ansiedad de salir de la zona de confort.

La verdad es que no existe una manera perfecta de hacer algo y no es tan importante hacer las cosas bien la primera vez. ¿Te imaginas si de bebé hubieras postergado aprender a caminar por miedo? ¿O si lo hubieras dejado luego del primer tropiezo? En algún punto de nuestro crecimiento, del paso de niños a adultos, adquirimos comportamientos tóxicos acerca del aprendizaje y del proceso natural del desarrollo personal.

He observado que en las personas inteligentes este suele ser uno de los pasos más difíciles, y creo que se debe a que entre más imaginación y comprensión de la realidad poseas, resulta más abrumador pensar en todo lo que implica hacer cualquier cosa. Mi consejo en este aspecto es que controles tus pensamientos, escribas tus inquietudes para liberar tu mente y procedas a empezar.

La fuerza del hábito

La mente humana es una lucha constante entre el consciente y el inconsciente. Por un lado, tenemos una voz analítica, lógica y abstracta capaz de entender trozos de la realidad y decidir cómo actuar en este mundo civilizado. Por otro lado, existe un piloto automático que se encarga de realizar tareas como nuestra respiración, los movimientos y que nos hace intuir rápidamente si hay peligro, si algo anda mal o hasta nos permite ser increíblemente creativos.

¿Te ha pasado que sabes que tienes que hacer algo pero, de todos modos, no lo haces? ¿O es algo muy importante y lo haces mal? Ese es tu inconsciente “traicionando” a tu consciente. ¿Dónde podemos observar al inconsciente? En los hábitos, en esas acciones que realizamos casi sin darnos cuenta. Modifica tus hábitos y modificarás tu inconsciente.

Son los detalles pequeños que suelen pasar desapercibidos. Llega a ese lugar todos los días. Saluda y despídete. Encuentra algo a diario por lo que estés agradecido. Toma suficiente agua cada que sientas sed. Dicen que toma 21 días crear un hábito y que sólo puedes forjar uno a la vez. Elige sabiamente.

La fuerza de la composición

Entre más acciones con un efecto positivo realizas en determinada área, mayor será el beneficio acumulado que obtienes (como en el interés compuesto, lo explico a detalle en el resumen del libro The Slight Edge). Esta es una regla que parece aplicarse a la mayoría de las áreas de la vida. Adquiere tu primer herramienta de trabajo y podrás solucionar un problema. Adquiere dos y podrás solucionar tres o quizá cuatro problemas, por la combinación. Obtén diez y el número de problemas que podrás resolver será mayor a cien.

Esta fuerza también establece que nuestra manera de analizar la realidad está equivocada. Las transformaciones no suceden en una noche, llevan su tiempo. No son el resultado de una sola acción heroica o de mucha fortuna, sino de diminutos actos constantes (y también algunos actos medianos y grandes).

Si los efectos de nuestros actos tardan en verse materializados en resultados entonces debemos aprender a disfrutar y confiar en el proceso, tener paciencia y sobre todo, observar con detenimiento los cambios. No en todas las condiciones podemos realizar mediciones, pero si es posible, es vital medir y comparar parámetros como el ingreso de un nuevo negocio, número de usuarios, nuestra fuerza o nuestro peso.

La fuerza del flujo

El flujo es un estado de conciencia en el que estás disfrutando al máximo una experiencia o una actividad. Es total y absoluta inmersión en algo, hasta el punto de que te olvidas de ti mismo y del tiempo. Sucede cuando realizas un trabajo para el cual tienes cierta habilidad pero a la vez representa un desafío intelectual, de modo que no operas en automático ni hay un exceso de estrés o ansiedad (por ser algo demasiado complicado).

En el estado de flujo la recompensa no está en los efectos de la actividad que haces, sino en la actividad en sí misma. Un jugador de fútbol que está en el flujo no piensa en la victoria de su equipo o el bono económico que podría recibir por sus goles, sino que está concentrado en absoluto en el juego mismo, en la siguiente jugada, en leer el campo o crear una estrategia.

Los beneficios del flujo son muchos: la productividad se va a la estratosfera, avanzas por el camino de la maestría (te vuelves cada vez más diestro), despiertas tu creatividad y lo mejor es que sientes un nivel de satisfacción casi absoluto (una forma de felicidad).

Existen varias condiciones para alcanzar el flujo, el primero es estar bien contigo mismo (haber descansado, estar bien de salud y anímicamente). Luego es que disfrutes la actividad y encuentres la manera de hacerla retadora. Finalmente es realizarla preferentemente en solitario y conectarte tanto con ella que entres en el flujo.

La fuerza del descanso

¿Qué sucede cuando surgen demasiados obstáculos que parecen insuperables y tus energías están a punto de agotarse? La mayoría de las personas se rinde, tira la toalla. Aunque hay circunstancias en las cuales este puede ser el camino más inteligente (por ejemplo, si descubriste que tu objetivo no es lo que realmente deseabas o que su costo es demasiado alto), hay una alternativa más interesante: saber descansar para regresar con más fuerza.

En el fitness, hay un concepto sobre el aumento de masa muscular que me parece revelador: si bien el músculo necesita estresarse lo suficiente (a lo que suele llamarse “llegar al fallo”) y una correcta ingesta de proteína y otros elementos para crecer, dicho crecimiento no ocurre cuando se hace ejercicio, sino cuando se descansa. En la recuperación es cuando el músculo se hace más fuerte para que en el futuro sea capaz de resistir un poco más de tensión.

El cansancio –que no tiene por qué ser físico, puede ser emocional, intelectual o espiritual– es un paso natural cuando estás haciendo algo nuevo o que te supera (de momento). Lo importante es saber detectar cuándo es tiempo de descansar o detenerse, puesto que estresar demasiado puede llevar a un punto de no retorno o de lenta recuperación, como quedarte sin capital, una lesión física o un breakdown emocional.

Cada persona es un mundo y se encuentra en un nivel de progreso o habilidad distinto, por lo que la única forma de reconocer el momento de descansar es trabajar y experimentar cuidadosamente para encontrar los límites.

La fuerza del pivote/adaptación

Darwin escribía desde el siglo antepasado sobre la importancia de la adaptación: «No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio». Detrás de cada objetivo existe un plan o una estrategia para ejecutarlo, la cual se basa en una serie de suposiciones y/o modelos. Por más inteligente que sea nuestra estrategia, por más veces que haya sido comprobada en el pasado, la realidad cambia y si nuestra estrategia no se adapta a estas nuevas circunstancias, el éxito no llegará sin importar cuánto esfuerzo o tiempo se invierta.

Esta fuerza consiste en que debemos seguir siendo leales a nuestra visión o propósito, pero podemos ser flexibles en cuanto a la estrategia para lograrlo. En el caso de una startup (una empresa –generalmente de tecnología– de gran crecimiento económico) existe el concepto de pivotar, que como en el baloncesto, consiste en girar sobre un eje, o en este caso, cambiar de estrategia comercial, de mercado o nicho, hasta tener éxito.

Podemos averiguar si la estrategia está alineada con la realidad (si sigue siendo válida) mediante varias maneras: La primera es el método científico, experimentar y hacer observaciones, ¿nuestro modelo está prediciendo lo que sucede? Sin embargo, en ocasiones no disponemos del tiempo o los recursos para hacer dichas mediciones, por lo que nos queda el proceso lógico: ¿cuáles son las premisas que deben cumplirse para que este modelo sea válido?

Aterrizado a un ejemplo real, muchas personas creen que para estar en forma se necesita prácticamente vivir en el gimnasio y comer pechuga de pollo y verduras todo el tiempo, después de todo si es tan popular la frase «no pain no gain» es que debe ser cierta, ¿verdad?

No obstante, este no es el método más eficiente para lograrlo y es insostenible seguir esta ruta para la mayoría de nosotros, por lo que si empiezas a analizar las premisas de esta estrategia verás que lo que en realidad necesitas es suficiente tiempo para estimular tus músculos (que puede ser menos de una hora al día), nutrirte adecuadamente (comer proteína y grasas suficientes, vitaminas, minerales y contar tus calorías) y descansar bien. Algo que requiere disciplina, pero que muchos podríamos seguir sin problema.

La fuerza de las circunstancias/entorno

Yo pienso que la fuerza de voluntad está profundamente sobrevalorada. El  autocontrol y el freno de nuestros impulsos naturales no es tan fuerte como creemos. En lo que sí podemos confiar y que es mucho más eficaz para encausarnos hacia nuestros objetivos es en la fuerza de nuestro entorno.

¿Quién crees que comerá más sano, quien tiene helado y dulces en el refrigerador o quien sólo guarda verduras y carnes? ¿Quién crees que obtendrá calificaciones más altas, el que se junta con los vagos o el que es amigo de los aplicados?

Nuestro entorno, es decir, el conjunto de circunstancias en las cuales vivimos, determinan en mayor medida nuestro éxito o fracaso, se trate del lugar en el que habitamos, los amigos con los que socialicemos o hasta la época (y sus respectivas normas e ideas) que nos tocó.

¿Quieres mejorar tu salud? Vive cerca de un parque, de un gym, de restaurantes saludables y júntate con amigos para ir juntos a hacer ejercicio.

De entre todos los posibles factores del entorno creo que el factor social es el más significativo. Somos animales sociales, nuestros cerebros persiguen desesperadamente la validación por motivos de supervivencia. Observa cómo reaccionas cuando hay una crisis: buscas una respuesta viendo que hacen los demás.

Si deseas mejorar tus finanzas, júntate con personas que sepan de dinero, que no teman hablar de estos temas, que tengan hábitos sanos y poco a poco te irás contagiando de sus ideas hasta que pasen a ser tuyas. Dicen que somos el promedio de las amistades que tenemos, así que elige bien de quién te rodeas.

Escribe tu comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *