Pensar en el paraíso es pensar en la contradicción. Buscar un comienzo en la existencia para poder trazar, desde ahí, una historia, un sentido. Evoquemos ahora un Adán aterrizando en nuestros tiempos. ¿Extrañaría ese universo paradójico que es el paraíso? ¿Añoraría a su Eva?
Muchos siglos han pasado desde aquel primer hombre, y sin embargo, los cuestionamientos siguen siendo los mismos. Pese a que ahora comprendemos una parte infinitesimal de cómo opera el Universo, no hemos hallado una respuesta satisfactoria al por qué estamos aquí. O qué es esto donde estamos. Y si pensamos más profundamente: ¿Realmente estamos todos aquí?
Pareciera que Dios, ese ser mitológico inverosímil que posee todas las respuestas, nos dejó de hablar desde hace dos milenios. ¿Se enojó tanto porque asesinamos a su hijo más talentoso?
Neale Walsch, un escritor estadounidense, asegura que la comunicación divina prevalece, sólo que estamos muy ocupados para escuchar. En 1998 publicó el primer libro de la saga Conversaciones con Dios, donde plasma los supuestos diálogos que ha sostenido con el creador, sobre los más variados temas: el sentido de la vida, el amor, el sexo, el dinero, la política, el medio ambiente, y un indefinible etcétera.





