Pensar en el paraíso es pensar en la contradicción. Buscar un comienzo en la existencia para poder trazar, desde ahí, una historia, un sentido. Evoquemos ahora un Adán aterrizando en nuestros tiempos. ¿Extrañaría ese universo paradójico que es el paraíso? ¿Añoraría a su Eva?
Muchos siglos han pasado desde aquel primer hombre, y sin embargo, los cuestionamientos siguen siendo los mismos. Pese a que ahora comprendemos una parte infinitesimal de cómo opera el Universo, no hemos hallado una respuesta satisfactoria al por qué estamos aquí. O qué es esto donde estamos. Y si pensamos más profundamente: ¿Realmente estamos todos aquí?
Pareciera que Dios, ese ser mitológico inverosímil que posee todas las respuestas, nos dejó de hablar desde hace dos milenios. ¿Se enojó tanto porque asesinamos a su hijo más talentoso?
Neale Walsch, un escritor estadounidense, asegura que la comunicación divina prevalece, sólo que estamos muy ocupados para escuchar. En 1998 publicó el primer libro de la saga Conversaciones con Dios, donde plasma los supuestos diálogos que ha sostenido con el creador, sobre los más variados temas: el sentido de la vida, el amor, el sexo, el dinero, la política, el medio ambiente, y un indefinible etcétera.
¿Pero qué tiene de especial este libro en contraposición con la Biblia o el Torah? Simplemente que no es un libro religioso. No establece una serie de dogmas sobre cómo ser una buena persona; es más, prácticamente dice que todo está totalmente permitido para los ojos de El Señor. Cuando comprendas que Hitler se fue al cielo, entenderás La Verdad, dice uno de los diálogos.
Dios habla sobre las cuestiones que más nos inquietan como si se tratase de un amigo al cual hemos pedido consejo en un bar. Hace bromas, contesta con un lenguaje sencillo, pero a la vez inmensamente poderoso. Irremediablemente, leer Conversaciones con Dios produce una sensación analgésica para el alma.
En total hay tres libros de Conversaciones con Dios. Cada tomo trata diferentes temas, el primero es mucho más metafísico, es una mera introducción. El segundo critica al panorama actual, toca tópicos como la economía, la justicia, la política y el futuro de la Tierra. El último nos sacia la curiosidad entorno a cuestiones como el más allá, el tiempo, la vida en otros planetas, entre otras cosas.
No importa si ahora mismo estás en un momento de paz en tu vida, o en la más aguda de las crisis, cualquier instante es bueno para leer Conversaciones con Dios. Yo recomiendo hacerlo en la intimidad del excusado, pero cualquiera lo vale.





“Dios se comunica con nosotros a través de nuestra propia voz.”
“Todos ustedes me entendieron mal.”
ai shi escribo mi ensayo ai shi